martes, 19 de julio de 2016

Entrevista exclusiva con Carlos Santamaría (2)



Fotos: Pablo Lozano.
Carlos Santamaría
(KSM) Pero no todo a lo largo de viaje fue malo, hubo momentos en que la vida le tendía la mano para seguir adelante incluso solo ya que desde el Canal de Panamá su equipo de trabajo ya no pudo seguir por cuestiones económicas y eso elevo el nivel de dificultad, o el momento en que enfermo tuvo que continuar solo con ayuda de medicina alternativa.


“Ahí en Colombia recuerdo que estaba afuera de un Hostal comiendo y una señora se me acerca y me ve cara de que ando preocupado y me dice ¿Tú de dónde eres?, pues mexicano, le conté mi situación y resulto que era la dueña del Hostal, al rato va y me toca la puerta y me dice ¿Niño no quieres que te lave la ropa?, yo le dije que la única ropa que traía era la que traía puesta, ahí me di cuenta que la gente me iba a ayudar en Colombia, me trajo una bolsa y me lavo mi ropa”.

Sin embargo la dificultad no disminuía, por el contrario, “en Perú me encontré desiertos grandísimos donde aprendí a desayunar mucho para tener un almacén de alimento en mi estómago y poder esperarme hasta la noche para comer, también con el agua tuve muchos problemas en Perú”

Un error y la falta de experiencia en este tipo de aventuras le pasó factura en su paso por tierras cafetaleras, “en Colombia ahí la regué de mi parte, me enferme muy feo, pase por un viñedo, vi que los traileros pasaban y se tomaban un vaso como de uva, como un shot, era papilla de uva, lo tome, me levanto y me termine como 7 vasos de uva, pero ese día en la noche una diarrea impresionante, al otro día me estaba muriendo, pero no podía detenerme, al otro día llegue a una ciudad y con medicina alternativa me cure como a los 3 días pero si estuve muy mal”.

Al llegar a Argentina y comenzar a hacer un balance de todo lo vivido notó que había cambiado mucho como persona, “ahí me di cuenta que me había convertido en un robot, levantarme, desayunar, pedalear, cenar, si se podía bañarme y volver a repetir la rutina, me había quitado muchas cosas de mi cabeza, me había desconectado del mundo, me di cuenta de lo que estaba haciendo, de lo grande que estaba siendo”.

El momento de completar la hazaña por fin había llegado tras 117 días de travesía, “hay un lugar donde el Récord Guiness te pide llegar ahí en la Patagonia que es un lugar donde hay un letrero que dice el Fin del Mundo, y la sorpresa fue que al llegar ahí me encontré con mi cuñado Christian y sentí una emoción, recuerdo que saco una cámara y me dijo di unas palabras para la gente y la verdad es que yo no tenía palabras, yo estaba muy mal, cansado, solo le dije tómame la foto”.

“En ese momento no sentía nada, pero hoy cuando analizas todo lo que habías hecho y te das cuenta de lo grande que fuiste en ese momento y lo grande que eres, al día siguiente me levante y recibí muchos mensajes, estaba agarrando la onda de que me había convertido en un robot”.

Sin embargo y con el paso de los días valora mucho lo que ha conseguido no solo como un reto personal sino el saber que hoy sirve como una forma de ejemplo para más personas que quizá tengan el deseo de hacer cosas grandes pero no se animan a hacerlo, y escuchar esta historia puede ser esa motivación que les haga falta para cambiar su vida.

“Fue algo muy bonito saber que lo que hice ha servido a terceros y hoy en día la gente me busca para dar platicas a instituciones, a empresas, a escuelas, y es padre saber que esto no solo fue para mí, que está sirviendo para los demás”.    

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